La insolidaridad de Las Palmas

J.M. Durán

Formación de la UD las Palmas en el primer partido de Liga

La UD Las Palmas ha anunciado que viajará en chárter hasta Marruecos para disputar este sábado su partido ante la AD Ceuta FC, correspondiente a la segunda jornada de LaLiga Hypermotion. Una decisión que, en las circunstancias actuales, en Ceuta solo puede interpretarse como una enorme falta de sensibilidad, de empatía y de solidaridad con una ciudad que atraviesa uno de los momentos más difíciles de su historia reciente.

Porque no hablamos de un desplazamiento cualquiera. Hablamos de que la expedición de un equipo español ha decidido utilizar el país vecino como puerta de entrada para jugar en territorio español apenas unas semanas después de la gravísima crisis migratoria sufrida por Ceuta. Una crisis en la que miles de personas cruzaron la frontera de manera irregular sin que las autoridades marroquíes hicieran nada por impedirlo y que el propio presidente del Gobierno, Pedro Sánchez, calificó entonces como una "violación de la integridad territorial de España".

Con ese contexto todavía muy presente, resulta difícil entender que un club español considere normal aterrizar en Marruecos para después desplazarse hasta Ceuta como si nada hubiera ocurrido.

No se trata de cuestionar la legalidad del viaje ni de poner en duda que pueda ser la alternativa más cómoda o rápida para la expedición amarilla. Se trata de algo mucho más sencillo: de tener sensibilidad con quienes van a recibirte. De comprender que, en ocasiones, los gestos tienen un valor mucho mayor que la comodidad logística.

La UD Las Palmas tenía una oportunidad magnífica para demostrar cercanía con Ceuta. Podía haber elegido viajar hasta la Península y completar el trayecto en barco, como hacen habitualmente cientos de equipos, aficionados y ciudadanos. Probablemente habría supuesto algunas horas más de viaje, quizá alguna incomodidad añadida, pero también habría enviado un mensaje inequívoco de apoyo a una ciudad española que hoy se siente abandonada y olvidada.

Y sorprende todavía más viniendo precisamente de Canarias, donde conocen perfectamente las consecuencias de la inmigración irregular. Sus ciudadanos llevan años reclamando una mayor implicación del Estado y de Europa para afrontar una situación que desborda en numerosas ocasiones la capacidad de las instituciones insulares. Canarias, Ceuta y Melilla comparten muchas más cosas de las que a veces parece: la condición de territorios españoles alejados de la Península, una presión migratoria permanente y la sensación recurrente de no recibir la atención que merecen. Precisamente por eso era razonable esperar un gesto diferente.

Porque la solidaridad no siempre consiste en grandes discursos ni en comunicados institucionales. Muchas veces se demuestra en decisiones aparentemente pequeñas. Elegir una ruta de viaje también puede ser una declaración de principios cuando las circunstancias son excepcionales.

El presidente de la UD Las Palmas ha defendido que no se deben mezclar la política y el fútbol. Y tiene razón en una cosa: el fútbol no debería convertirse en un instrumento de confrontación política. Pero aquí no se está hablando de ideologías, ni de partidos, ni de utilizar un partido de Segunda División para hacer campaña de nada. Aquí se habla de solidaridad.

Se habla de empatía con una ciudad que ha visto alterada su vida cotidiana, con playas ocupadas, instalaciones públicas desbordadas y miles de ceutíes preocupados por una situación que continúa marcando su día a día. Se habla de entender que el rival al que vas a visitar no es solo un club de fútbol, sino una ciudad entera que intenta recuperar la normalidad mientras reclama ayuda.

La AD Ceuta FC ha repetido durante estas semanas que quiere utilizar el fútbol para regalar alegrías a su gente y para convertirse en un altavoz de Ceuta. Jugadores, técnicos, presidente y director deportivo han coincidido en que el deporte puede ayudar a unir y a visibilizar una realidad que consideran insuficientemente atendida.

Por eso duele más que un equipo español y además procedente de otra tierra castigada por la inmigración irregular, haya perdido la oportunidad de lanzar un mensaje de cercanía.

Nadie esperaba que la UD Las Palmas solucionara la crisis de Ceuta. Nadie le pide que adopte posiciones políticas ni que renuncie a competir en igualdad de condiciones. Lo único que se podía esperar era un gesto. Uno solo. El de evitar utilizar Marruecos como escala para llegar a una ciudad española que acaba de sufrir una situación tan extraordinaria.

No habría cambiado el resultado del partido. Tampoco la clasificación. Pero sí habría cambiado la percepción de muchos ceutíes. Y es que, a veces, en el fútbol, como en la vida, el camino que eliges para llegar también importa.

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