LaLiga nigunea a Ceuta

J.M. Durán

La LaLiga ha demostrado que pasa del Ceuta y de Ceuta. La patronal del fútbol español no ha estado, ni mucho menos, a la altura de las circunstancias ante la gravísima situación que atraviesa la ciudad autónoma desde la llegada masiva de migrantes a finales de julio.

Su respuesta se limitó a un escaso, tibio y tardío comunicado. Poco más. Ningún gesto significativo hacia una ciudad que vive desde hace semanas una situación excepcional y que, pese a todo, ha seguido adelante con su equipo de fútbol compitiendo en el fútbol profesional.

Y resulta especialmente llamativo que ese comunicado llegara poco después de las contundentes declaraciones de José Juan Romero antes del encuentro ante el Andorra. El entrenador del Ceuta dejó claro que, si de él hubiera dependido, aquel partido no se habría disputado por la situación que estaba viviendo la ciudad.

No se trataba de pedir un trato de favor para el Ceuta. Tampoco de reclamar que LaLiga solucionara un problema que corresponde a las administraciones públicas. Se trataba simplemente de mostrar sensibilidad, empatía y solidaridad con una ciudad que estaba atravesando —y continúa atravesando— unas circunstancias extraordinarias.

Cuando LaLiga sí sabe posicionarse

La falta de gestos resulta todavía más difícil de entender si se compara con la actitud que LaLiga ha mantenido en otras situaciones.

La patronal ha mostrado en diferentes ocasiones su solidaridad ante catástrofes naturales, como la DANA o los terremotos, y también ha utilizado las retransmisiones de sus partidos para trasladar mensajes de apoyo ante acontecimientos de enorme gravedad. Lo hizo igualmente con la invasión de Ucrania y en otros asuntos en los que consideró necesario trasladar un mensaje público.

Incluso cuando quiso mostrar su apoyo al Día de Europa o su oposición a la Superliga, LaLiga no dudó en utilizar sus plataformas, sus retransmisiones y los estadios para hacer visible su posición.

Sin embargo, cuando el problema afecta directamente a un territorio español como Ceuta, parece que todo se reduce a un comunicado de compromiso.

Ni siquiera un gesto durante el partido

El ejemplo más evidente se pudo comprobar durante el partido entre el FC Andorra y la AD Ceuta. La afición caballa desplazada hasta Andorra mostró una pancarta con un mensaje tan sencillo como contundente: "Ceuta no se vende, Ceuta se defiende". Las cámaras de LaLiga ni siquiera tuvieron el detalle de ofrecer un primer plano de esa pancarta. En una competición en la que cada detalle de las gradas es susceptible de convertirse en contenido televisivo, la ausencia de cualquier gesto hacia ese mensaje resulta, como mínimo, sorprendente.

No habría costado absolutamente nada. Unos segundos en pantalla. Un mensaje de solidaridad. Una referencia a la situación que estaba viviendo una ciudad española. Tampoco ofreció imagen alguna de la protesta en sus canales oficiales.

El Ceuta también representa a LaLiga

La AD Ceuta no es un invitado de segunda categoría en el fútbol profesional. Es uno de los 42 clubes que forman parte de LaLiga y representa a una ciudad española que lleva años luchando por hacerse un hueco en el fútbol profesional. Cuando el Ceuta juega en Segunda, Ceuta también está jugando en Segunda.

Por eso resulta especialmente doloroso que, en un momento en el que la ciudad necesitaba sentirse acompañada, su competición haya optado prácticamente por mirar hacia otro lado.

No se pedía que LaLiga tomara partido político. No se pedía una valoración sobre la política migratoria. No se pedía que la patronal entrara en debates que no le corresponden. Se pedía algo mucho más sencillo: empatía con una ciudad y con un club que forman parte de su propia competición.

LaLiga presume constantemente de ser una de las grandes marcas deportivas del mundo. Sus retransmisiones llegan a millones de personas y sus campañas de comunicación son capaces de convertir cualquier acontecimiento en un mensaje global. Precisamente por eso, su silencio con Ceuta resulta todavía más decepcionante.

Los ceutíes han demostrado durante estas semanas una enorme capacidad de resistencia y paciencia ante una situación que ha alterado por completo la vida cotidiana de la ciudad. El fútbol, evidentemente, ha quedado en un segundo plano, pero el Ceuta ha tenido que seguir compitiendo. LaLiga podría haber entendido ese contexto. Podría haber acompañado al club. Podría haber tenido un pequeño gesto con la ciudad. No lo hizo. Y por eso la sensación que queda es inevitable: LaLiga pasa del Ceuta y pasa de Ceuta.

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