
Los cánticos racistas y xenófobos registrados en el RCDE Stadium durante el amistoso entre España y Egipto continúan generando una fuerte ola de rechazo tanto a nivel nacional como internacional. El episodio, marcado por los insultos al grito de “Musulmán el que no bote”, ha puesto el foco en la necesidad de erradicar comportamientos intolerantes en el fútbol.
El joven internacional español Lamine Yamal, que se encontraba sobre el terreno de juego, tuvo que escuchar los cánticos en directo y posteriormente lanzó un mensaje de condena pública, sumándose a las múltiples reacciones que han surgido tras lo ocurrido.
Desde la Real Federación Española de Fútbol, su presidente Rafael Louzán expresó su rechazo a los hechos. Sin embargo, diversas voces consideran que la respuesta fue insuficiente ante la gravedad de lo sucedido.
Entre ellas destaca la de Nayim, exfutbolista ceutí y un referente del fútbol español, quien ha alzado la voz desde una perspectiva especialmente significativa para la ciudad autónoma. En declaraciones a la Cadena Ser y según recoge Mundo Deportivo, Nayim, de religión musulmana, criticó con firmeza la falta de contundencia institucional: “Me hubiera gustado algo más contundente por parte de la RFEF. Lo organizaban ellos y eran los primeros que tenían que pronunciarse con mayor rotundidad”.
El exjugador, que hizo historia como el primer musulmán español en jugar en la Premier League con el Tottenham Hotspur, alertó además del impacto que estos comportamientos pueden tener en la afición: “Al final, muchos no vamos a querer ir al fútbol por este tipo de cosas”.
Desde el enfoque de Ceuta, ciudad caracterizada por su diversidad cultural y convivencia entre religiones, las palabras de Nayim resuenan con especial fuerza. El exfutbolista subrayó la gravedad de que estos hechos se produzcan en un evento seguido por millones de personas y con jugadores musulmanes de primer nivel implicados.
Asimismo, el presidente del Gobierno, Pedro Sánchez, ha reaccionado llevando el caso a la Fiscalía, en un intento de que se depuren responsabilidades y se envíe un mensaje claro contra el racismo y la islamofobia en el deporte.
El incidente reabre el debate sobre la necesidad de aplicar medidas más contundentes desde las instituciones deportivas y políticas. En Ceuta, donde la convivencia es una seña de identidad, este tipo de episodios se perciben como un ataque a los valores de respeto e integración que definen a la sociedad ceutí.





















